Para la UNAM, la innovación educativa es...
A la polisemia y la complejidad del término, en el caso de la UNAM, se suma el tamaño y la diversidad de áreas, disciplinas y niveles educativos que comprende su trabajo académico y su oferta formativa: tres planes de bachillerato, 129 licenciaturas, 41 programas de posgrado y 42 de especialización, impartidos por más de 40,000 docentes, que atienden a más de 350,000 estudiantes (UNAM, 2020). Ante esta realidad, se requiere un abordaje de la innovación educativa que sea susceptible de ser aplicado en la multiplicidad de contextos educativos de esta casa de estudios y que les sirva como referente en todos los casos.
Con estas finalidades y en concordancia con la mirada crítica y humanista de la UNAM, se propone caracterizar a la innovación con base en dos atributos que retoman el planteamiento de Grandstrand y Holgersoon (2020):
Lo nuevo puede ser una idea, modelo, método, recurso o procedimiento -original o ya conocido- que modifica cualquier práctica de una comunidad específica y es percibido como novedosa por sus miembros. Dicha comunidad es definida como la “unidad de adopción” por Rogers (2003) o la “comunidad crítica” según Tierney y Lambert (2016). Toda innovación es relativa al contexto y la comunidad juega un rol esencial en la delimitación de aquello que se califica como innovador.
La segunda característica de la innovación debe ser el logro de mejoras o la solución de problemas que ésta permite alcanzar. Para ello, es necesario que lo nuevo se implemente con la intención de lograr un impacto positivo. El análisis cauteloso de los propósitos del cambio junto con la evaluación y el seguimiento de los efectos que las novedades generan resultan entonces actividades que deben acompañar a la innovación.
Y he aquí una implicación importante de la perspectiva propuesta para nuestra universidad. Para ser calificadas como innovaciones, las prácticas deben incidir de manera positiva en las funciones y misión de la universidad; por lo tanto, recopilar evidencias sobre su impacto y transitar hacia una educación basada en evidencias se convierten en tareas consustanciales a la innovación educativa.
Y definirla como:
la implementación de procesos creativos que transforman de manera novedosa alguno de los componentes del fenómeno educativo, con la intención de resolver problemas y mejorar los aprendizajes de los estudiantes.
Es importante resaltar que, desde este abordaje, el término innovación puede hacer referencia tanto al proceso de transformación, como al resultado o producto del mismo. Y es un calificativo fugaz y limitado en el tiempo, pues una vez que una innovación es adoptada y apropiada por una comunidad, deja de ser novedosa.

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